21/3/08

"Presentación de la Iglesia Ortodoxa"

PRESENTACIÓN DE LA IGLESIA ORTODOXA
Osios Ferrer


La Iglesia Ortodoxa: su origen

Hace algo más de dos mil años, Jesucristo estableció la comunidad de los Doce Apóstoles, dándoles una continua instrucción y transmitiéndoles la participación de su autoridad, lo que significa que a la muerte de éstos, dicha autoridad va a continuar. Jesucristo instituye la Eucaristía en su Última Cena, con el mandato de ir repitiéndola en memoria suya.

Sobre todo, el origen de la Iglesia hay que situarlo en la muerte y resurrección de Cristo. Dios puso a Jesucristo como Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo. El derramamiento del Espíritu Santo sobre la Iglesia el día de Pentecostés es un don de Dios, de Cristo resucitado, que capacita a la misma. El Evangelio se va extendiendo.

Está fuera de toda discusión que la madre de todas las Iglesias es la de Jerusalén, allí se reúnen los Doce Apóstoles y, después, se dispersan. La Iglesia es misionera, no por ciertos supuestos intereses, sino por su propia naturaleza. Jerusalén deviene escatológica, pues de ella se extiende la salvación. En el Concilio de Jerusalén se mencionan los presbíteros junto a los Doce Apóstoles, sus sucesores serán llamados obispos, también se hace referencia a los diáconos, como servidores del pueblo (Stg. 5:14).

En Antioquía de Siria había una comunidad cristiana importante, donde la Iglesia era “instruida” en la doctrina del Señor (Hch. 11:26).

San Pablo constituye en las Iglesias presbíteros (Hch. 14:23), con mansedumbre y humildad va organizando las comunidades eclesiales, transmitiendo la autoridad apostólica a otros, como por ejemplo Timoteo (1 Tm. 6:2).

La Iglesia se extiende por todo Oriente, dando lugar a los llamados Patriarcados, los de Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén; en Occidente el de Roma, llamándose la Pentarquía. Más adelante surgirían los Patriarcados de Rusia, Georgia, Serbia, Rumanía…, y las Iglesias autocéfalas y autónomas, como las de Grecia, Polonia, Finlandia, etc.

Características de la Iglesia Ortodoxa

La Iglesia Ortodoxa es Una, Santa, Católica y Apostólica. Desde su fundación por Cristo hasta nuestros días mantiene sin variación ni alteración estas características, pudiendo añadir la de Ortodoxa. Estas propiedades le fueron conferidas por Cristo.

La Iglesia es Una porque existe una única y verdadera Iglesia, fundada por Jesucristo; hoy en día lamentablemente dividida. A través del Evangelio se observa la clara intención de Cristo de fundar una sola Iglesia. La unidad se entiende en el sentido de la unión, de la comunión, de la relación fraterna entre los fieles. La unidad y unicidad de la Iglesia está íntimamente relacionada con la catolicidad. Todas las santas Iglesias de Dios Ortodoxas están unidas entre sí por la Unidad de la Fe, la Unidad de los Sacramentos, de la Liturgia…; éstas forman parte del Cuerpo de Cristo, es decir, de la Iglesia una y verdadera.

La Iglesia es Santa porque pertenece a Dios. El Señor es tres veces santo. Los cristianos pueden llegar a ser santos por la participación de la vida en Dios. La Iglesia goza de santidad ontológica al haber sido instituida por el Logos Divino, Dios mismo. La Iglesia es santa por estar unida a su Cabeza que es Jesucristo, en virtud de la operación del Espíritu Santo. Como dice el apóstol San Pablo, todos somos llamados a la santidad: “Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación” (1 Ts. 4:3; Ef. 1:4).

La Iglesia es Católica. El término católico, del griego kata holon, “según el todo”, significa universal, total. San Ignacio de Antioquía, el cual pasó por el martirio en Roma en el año 107, fue el primero en introducir el término de católica como propiedad o característica de la Iglesia. En origen, esta palabra tenía un doble sentido, indicando que la Iglesia goza de perfección, ortodoxia y poseedora del mensaje y doctrina del Santo Evangelio; también como difundida por todo el mundo, es decir, universal. Estos dos sentidos son complementarios. Ya en el Antiguo Testamento la Iglesia es una prefigura profética, los Apóstoles tenían claro el hecho de la fundación de la misma, San Pablo en este sentido es eminentemente universalista, y el testimonio de la Tradición es muy evidente.

La Iglesia es Apostólica. El sustantivo “apostolicidad” señala la cualidad de “apostólico”, utilizado para designar a los Apóstoles y personas muy relacionadas con ellos. La palabra Apóstol, en griego apostolos, significa “enviado por alguien”. El adjetivo “Apostólica” lo empleó Tertuliano sobre el año 199 para indicar las Iglesias fundadas por los mismos Apóstoles, o como consecuencia de su predicación. El Concilio de Nicea en el canon 8 dice que hay que aceptar los dogmas de la Iglesia Católica y Apostólica. Todos los fieles, en concreto de la Iglesia Ortodoxa, son “edificados sobre el fundamento de los Apóstoles” (Ef. 2:20), pues de este modo se recibe el sustento de Jesucristo, que es la Roca, la “piedra angular”, formando éstos parte de la Iglesia, la cual es el Cuerpo de Cristo, y éste su Cabeza.

La Iglesia es también Ortodoxa. El término ortodoxa viene del griego, significa “recta creencia”, “justa glorificación”. La Iglesia Ortodoxa desde su origen hasta nuestros días no ha variado, cambiado, alterado, suprimido ni añadido nada referente a la Fe transmitida por los Apóstoles, las Sagradas Escrituras y la Tradición de la Iglesia.

Fuentes de la doctrina ortodoxa

Los dos manantiales de donde fluye la doctrina y la teología ortodoxa es la Sagrada Escritura o Biblia y la Tradición de la Iglesia.

La Tradición la encontramos manifestada en los Siete Concilios Ecuménicos, los escritos de los Santos Padres de la Iglesia, el Símbolo de los Apóstoles, el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, el Símbolo de San Atanasio, las Liturgias de las Iglesias…

La Teología ortodoxa es siempre apofática, es decir, es una vuelta hacia Dios, con la negación de cualquier definición humana, es antropomorfa. De Dios sólo sabemos que es, y no lo que es. Dios es incomparable, ningún hombre lo puede expresar adecuadamente. Su “nombre está sobre cualquier otro nombre” (Flp. 2:9). San Gregorio de Nisa dice: “Los conceptos crean ídolos de Dios, sólo la admiración capta alguna cosa”. En la Iglesia Ortodoxa la teología no se separa de la mística, hay una teología de la experiencia de Dios en Cristo por el Espíritu. La teología ortodoxa no es especulativa, racionalista, nada tiene que ver con la teología escolástica, tomista. La teología apofática enseña la actitud de todo teólogo: el hombre no especula, sino que se convierte, busca la deificación, es decir, la unión con Dios. La Iglesia Ortodoxa no pretende demostrar, sino mostrar a Dios.

Es evidente que el hombre no puede participar de la esencia de Dios, según enseñan los Santos Padres, sí puede participar de las energías, que son las manifestaciones externas de Dios, las cuales son parte de Dios. En la Iglesia de Occidente, Latina o Católica Romana, se espera la salvación normalmente después de purgar sus faltas y sus pecados, sin embargo, en la Iglesia Ortodoxa todos los fieles deben tender a la deificación, real y verdadera unión con Dios, es un proceso dinámico y progresivo, que tiene lugar aquí y ahora, el cual no se decide sólo al morir.

Diferencias entre la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Romana

Hay diferencias entre ambas Iglesias, son de carácter dogmático, litúrgico y disciplinar. Hay bastantes puntos de concordancia, buenas relaciones fraternales y ecuménicas.

Enumeraremos de una forma esquemática dichas diferencias:

(1) La Iglesia Ortodoxa no admite la procedencia del Espíritu Santo del Padre y del Hijo, sino únicamente del Padre, rechazando la adición del “Filioque” en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano. En Jn. 15: 26, dice el Señor: “Pero cuando venga el Consolador, a quien os enviaré del Padre, el Espíritu de Verdad el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”. No hay ni una cita bíblica que diga que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo.

El Credo dice: “… y en el Espíritu Santo que procede del Padre”. El Credo fue confirmado por Concilios Ecuménicos –Universales-, prohibiendo cualquier cambio, supresión y añadidura.

El papa de Roma Nicolás permitió que fueran añadidas las palabras “… y del Hijo” –“Filioque”- en el Credo. El Patriarca Fothios protestó y el papa Juan VIII prometió corregir el error, pero ni él ni sus sucesores jamás enmendaron dicha falta.

Esta diferencia de la procesión del Espíritu Santo es muy importante, la añadidura hecha por la Iglesia de Roma es muy problemática, pues afecta considerablemente la “monarquía” del Padre y relativiza la realidad de la existencia personal o hipostática en el seno de la Trinidad.

(2) Otra diferencia y discrepancia importante se refiere al tema del Primado de Roma. La Iglesia Ortodoxa no puede admitir el “papado” tal y como lo entiende la Iglesia de Roma, por ser opuesto a la Escritura y a la Tradición. Creemos que la autoridad mayor y la infalibilidad de la Iglesia descansan en el Concilio Ecuménico, y sólo en él.

La Iglesia Católica Romana fundamenta la Primacía del Papa de Roma como sucesor de San Pedro en el Evangelio de San Mateo (16:13, 16-18): “Preguntó Jesús a sus discípulos diciendo: `¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?...´ Respondiendo Simón Pedro, dijo: `Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo´. Entonces le respondió Jesús: `Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo, que tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella´”. Este pasaje evangélico no significa lo que la Iglesia de Roma trata de interpretar, pues la roca no es Pedro, sino la confesión de Pedro de que Cristo es el Hijo de Dios. La Iglesia está fundamentada y edificada sobre la divinidad del Cristo vivo y no sobre Pedro. La Iglesia no puede ser edificada sobre un hombre, sino sobre el mismo Dios. San Pablo dice: “Y la roca era Cristo” (1 Cor. 10: 4).

Todos los Padres de la Iglesia Indivisa, es decir, de la Iglesia del primer milenio, antes del cisma, tanto los de Oriente como los de Occidente, tenían dicha fe referente al tema petrino; incluso el Bienaventurado Agustín de Hipona –siglo IV-, Padre de la Iglesia Occidental, Latina, de Roma, refiriéndose al mencionado pasaje del Evangelio en su artículo 270 dice: “Tú eres Pedro y sobre esta roca que es tu confesión, que Cristo es el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia”. En su artículo 76, también dice: “Los que edifican sobre humanos dicen: `yo soy de Pablo; yo soy de Apolos, yo soy de Pedro´. Pero los que edifican sobre la confesión de Pedro y la divinidad de Cristo, dicen: `Yo soy de Cristo. Porque la Iglesia está edificada sobre Cristo y no sobre Pedro´”.

(3) En cuanto a la Consagración Eucarística la Iglesia de Roma cree que ésta tiene lugar en la las palabras de la institución. La Iglesia Ortodoxa cree que en la transmutación (no transubstanciación), es decir, que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor, durante el Prefacio, las Palabras del Señor y la Epíclesis –invocación del Espíritu Santo- sobre los santos dones y la comunidad de fieles.

(4) La Iglesia Ortodoxa sólo admite siete Concilios Ecuménicos: el de Nicea (325), Iº de Constantinopla (381), de Éfeso (431), de Calcedonia (451), Concilio Quinisexto –o “quinto-sexto”, también conocido como Concilio in Trullo en los textos bizantinos, como “Sexto Concilio”- y IIº de Nicea (787).

La Iglesia Ortodoxa a partir del año 1054, que se produce el gran cisma entre las Iglesias de Oriente (Ortodoxa) y de Occidente (Romana), ya no puede convocar, y no lo hace, ningún Concilio Ecuménico –Universal-, pues lamentablemente la Iglesia se ha dividido. A pesar de esto la Iglesia de Roma convoca trece concilios “ecuménicos” más, los cuales la Iglesia de Oriente –Ortodoxa- no aprueba como ecuménicos, pues no tienen universalidad.

(5) La Santísima Virgen María es Madre de Dios, virgen y totalmente pura antes, durante y después de dar a luz al Señor. La Iglesia Ortodoxa es profundamente mariana.

El proceso largo de purificación e iluminación del pueblo de Israel, tan excelentemente narrado en el Antiguo Testamento, alcanza su culminación en la Madre de Dios o Theotokos. Aceptó con humildad el reto de la Anunciación. Durante la vida y ministerio de su Hijo permaneció en último término. Presidió la asamblea de los Apóstoles el día de Pentecostés con el descenso del Espíritu Santo. El Oriente cristiano, la Iglesia Ortodoxa la ama y la venera, ahora bien, se abstiene de dogmatizar sobre ella.

(6) En cuanto al pecado original, la Iglesia Ortodoxa fiel a las Escrituras y a la Tradición patrística, cree que sólo la mente libre y personal puede cometer pecado e incurrir en culpabilidad. El pecado original tiene sólo carácter personal, ahora bien, la humanidad sufre sus consecuencias.

(7) La Iglesia Ortodoxa no admite la existencia del Purgatorio, pues es una doctrina que no tiene apoyo bíblico, ni los Padres de la Iglesia la mencionan. Tampoco todo el sistema doctrinal de las Indulgencias, que se deriva del tema del Purgatorio. Cuando el Buen Ladrón en la Cruz dijo al Señor: “Acuérdate de mi, Señor, cuando vengas en tu Reino”, la respuesta de Cristo fue: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”; el llamado “Buen Ladrón” fue un gran pecador, pero nada tuvo que purgar o purificar.

(8) En el Sacramento del Matrimonio se refleja la unión entre Cristo y la Iglesia. El amor en el matrimonio cristiano se proyecta hacia la eternidad del Reino de Dios. En la Iglesia Romana los ministros de dicho sacramento son los propios contrayentes; en la Iglesia Ortodoxa el ministro es el sacerdote.

Lo deseable es que el matrimonio dure por siempre. La Iglesia Ortodoxa siempre ha contemplado la posibilidad del divorcio como parte integrante de sus atribuciones; por causa de la debilidad humana, y también por el hecho de dar oportunidad de rehacer la vida, la Iglesia Ortodoxa permite a una misma persona divorciarse y casarse hasta tres veces por la Iglesia. Las personas divorciadas pueden comulgar del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Eucaristía.

(9) El Celibato del Clero: Los diáconos y sacerdotes pueden ser elegidos y ordenados entre varones casados; por lo tanto el celibato o matrimonio entre el clero tiene carácter opcional, es decir, cada uno elige su propio estado. El obispo es siempre célibe o viudo, siempre es elegido y consagrado de entre los monjes. En este punto, también la Iglesia Ortodoxa sigue la costumbre neotestamentaria y la Tradición patrística.

(10) Comunión bajo las dos especies: La Iglesia Ortodoxa consagra el pan natural con levadura, imitando la institución de la Eucaristía por el Señor en la Última Cena. La Iglesia de Roma utiliza pan ácimo. En la Sagrada Comunión, en la Ortodoxia, se administra el pan y el vino, es decir, el Cuerpo y la Sangre de Cristo a cada fiel, siguiendo la norma de las Sagradas Escrituras y de los Santos Padres de la Iglesia indivisa.

(11) Los Iconos: San Juan de Damasco dice: “En tiempos pasados, Dios, que no tenía cuerpo ni forma, no podía ser representado. Pero hoy, como Dios se ha manifestado en la carne y ha vivido entre los hombres, yo puedo representar el aspecto visible de Dios [to hóraton tou theou]. No es que yo dé culto a la materia, sino que doy culto al creador de la materia, que se hizo materia por causa mía, que asumió una vida en la carne y que, a través de la materia, realizó mi salvación”.

La Palabra está contenida en la Biblia. La Palabra es cantada y representada en la Liturgia. La Palabra se ofrece visualmente dibujada bajo forma de icono. Jesucristo es el icono-imagen del Padre.

El fundamento bíblico del icono está en la creación del hombre a imagen de Dios. La Encarnación viene del deseo de Dios de hacerse hombre y de hacer de su humanidad una Teofanía, es decir, lugar e icono de su presencia.

(12) Poder temporal: la Iglesia Ortodoxa no admite el poder temporal de la Iglesia. En la Iglesia Romana tal doctrina es dogma de fe. Jesucristo dice en el Santo Evangelio que su Reino no es de este mundo (no es un reino temporal).

(13) La Divina Liturgia –Eucaristía- (“Misa Ortodoxa”): La Liturgia más celebrada en la Iglesia Ortodoxa es la de San Juan Crisóstomo. Todos los sacramentos se hacen efectivos por la oración, en particular el de la Eucaristía. El que celebra el sacrificio incruento, no es más que el ministro de la gracia, él no aporta nada suyo, el sacerdote es sólo un ministro y el ministerio se le confiere sólo por la gracia, él no lo realiza por su propia cuenta.

La Eucaristía, la Divina Liturgia, es una plegaria dirigida “en Cristo” al Padre y realizada por la efusión del Espíritu Santo. Esta es un misterio, sacramento de carácter soteriológico, es decir, para el perdón de los pecados y para la vida eterna, eminentemente relacionada con la salvación por el Dios Trinitario.

La Eucaristía celebrada en el templo es imagen del nuevo cosmos transfigurado, es decir, de la Nueva Jerusalén, de la patria celestial.

(14) Monaquismo: El monacato bizantino u ortodoxo aparece como escuela de perfección espiritual, y también como un cuerpo que se siente responsable de los contenidos de la fe y de la Iglesia.

El monacato cristiano surgió en Egipto, en la segunda mitad del siglo III, siendo su fundador San Antonio. El desarrollo y expansión del movimiento monástico fue muy notable. Hay monjes que sienten la necesidad de mayor soledad llevando una vida eremítica, otros se sienten llamados a la vida en común monástica, es decir, los cenobitas.

El monacato ortodoxo ha tenido una gran importancia en el desarrollo de la espiritualidad y de la teología bizantino-eslava. Hay importantísimos monasterios ortodoxos, como el de Santa Catalina en el Sinaí, el de Studios en Constantinopla, los veinte del Monte Athos…

El ideal del monje ortodoxo implica la deificación, es decir, la unión con Dios, mediante la comunión con la humanidad divinizada de Cristo, por la acción del Espíritu Santo. La ascesis como guarda del corazón, someter y desechar las pasiones o el pecado, siendo sustituido por las virtudes, a través de la oración, de la liturgia, la vida sacramental… El monje ortodoxo no se desentiende de la humanidad, se preocupa por su prójimo al cual ama, recibe y ora constantemente.

En el monaquismo ortodoxo no hay órdenes religiosas, siguiendo al fundador y haciendo énfasis en unos carismas determinados. El monje ortodoxo podrá llevar una vida de carácter eremítico o cenobita, siguiendo a Jesucristo, el Santo Evangelio, los Santos Padres y la vida ascética y mística, estos son sus verdaderos ideales, de estas realidades y sus carismas vive la “nueva vida” o conversión.

Sacramentos en la Iglesia Ortodoxa

La teología de la Iglesia Ortodoxa ignora la diferencia que hace la Iglesia romana entre “sacramentos” y “sacramentales”; nunca de una manera formal ha aceptado un número determinado de sacramentos, ahora bien, muchos autores y teólogos ortodoxos aceptan la lista de los “siete sacramentos”: bautismo, crismación –confirmación-, eucaristía, orden sagrado, matrimonio, penitencia y unción de los enfermos.

En los sacramentos del bautismo y de la eucaristía radica la totalidad de nuestra salvación, pues la entera economía del Dios-hombre se recapitula en ellos.

En la Iglesia Ortodoxa el bautismo y la crismación (confirmación) –esta última con el “sagrado crisma” bendecido por el obispo- se celebran de forma conjunta. El niño es inmediatamente recibido a la comunión eucarística. El bautismo es un renacimiento según Cristo, por el que recibimos nuestro verdadero ser y nuestra más auténtica naturaleza. El bautismo es como un “nuevo nacimiento”, “don de Dios”, “restauración”, “unción”, “sello”… La Iglesia Ortodoxa conserva la práctica antigua del bautismo cristiano mediante la triple inmersión. La crismación –confirmación-, normalmente, va unida al bautismo, se celebra por separado en casos de reconciliación con la Iglesia.

La penitencia sacramental –“confesión al sacerdote”- tiene un cierto desarrollo paralelo entre Oriente y Occidente. Al principio era un acto público. La práctica penitencial en la Iglesia Ortodoxa está libre de influencias legalistas, anselmianas, doctrina de la “satisfacción”… El arrepentimiento tiene un carácter ascético y moral. El sacramento de la penitencia es como una forma de curación espiritual. El pecado es ante todo una enfermedad, una “pasión”. La confesión tiene carácter de liberación y no de juicio.

La eucaristía: Tanto el cristianismo en su origen como la Tradición patrística, entendieron la eucaristía como un misterio de comunión real con Cristo, el Señor está presente y operante ahora. San Basilio en su Carta 93 dice:

“Es loable y beneficioso comulgar todos los días y participar en la sagrada realidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. Porque él mismo afirma con toda claridad: `El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna´ (Jn 6:55). Y, ¿quién duda que participar con frecuencia en la vida es lo mismo que tener una vida pujante y multiforme? Yo mismo por mi parte comulgo cuatro veces por semana: el día del Señor, el miércoles, el viernes y el sábado; y además otros días, si se hace conmemoración de algún santo”.

El pan eucarístico es con levadura para simbolizar la humanidad animada de Cristo; el pan normal u ordinario, como el que se utiliza en las comidas diarias, es señal de verdadera encarnación.

En el canon de la Sagrada Liturgia de San Juan Crisóstomo se dice: “Envía tu Santo Espíritu sobre nosotros y sobre estos dones, y convierte este pan en el precioso cuerpo de tu Cristo, y lo que hay en este cáliz en la preciosa sangre de tu Cristo, de modo que los que participan en ellos reciban la purificación del alma, el perdón de los pecados, la comunión con tu Santo Espíritu, la plenitud del Reino de los cielos…”

La eucaristía es el sacramento que transforma la asamblea humana en Iglesia de Dios, es la base más sólida de toda la estructura eclesial.

Del sacramento del matrimonio ya hemos hablado anteriormente, sólo resaltar que la tradición teológica, litúrgica y canónica, hace énfasis en la unicidad del matrimonio cristiano, fundamentándose en el célebre capítulo cinco de la carta de San Pablo a los Efesios. A diferencia con la Iglesia Latina, la Iglesia Ortodoxa subraya el carácter de eternidad del matrimonio. Cuando hablamos de tolerancia en el tema del divorcio, esto no significa aprobación.

Patriarcados, Iglesias autocéfalas y autónomas que componen la Iglesia Ortodoxa

Todas las Santas Iglesias de Dios que componen la Iglesia Ortodoxa están unidas entre sí por un mismo Señor Jesucristo, una misma fe, bautismo, liturgia…, gozando de perfecta armonía fraternal y comunión eucarística.

Enumeramos las más conocidas, sin profundizar, pues el espacio de este opúsculo no lo permite.

Patriarcado de Constantinopla: tiene su origen apostólico en San Andrés. Este Patriarcado goza de la primacía de honor entre las Iglesias ortodoxas, y no de jurisdicción, pues cada patriarcado o Iglesia autocéfala se autogobierna a través de su Santo Sínodo. Tiene su Sede en la actual Estambul. Son alrededor de cuatro millones de fieles, sobre todo en la diáspora.

Patriarcado de Alejandría: Iglesia fundada por el evangelista y apóstol San Marcos. El jefe de esta santa Iglesia lleva los títulos de Papa y Patriarca. Se ha extendido por países africanos como Uganda, Kenia y Tanzania. En la actualidad son unos doscientos mil fieles.

Patriarcado de Antioquía: fue aquí donde los seguidores de Jesús fueron llamados por primera vez cristianos, según relata Hechos de los Apóstoles. La Sede está en Damasco, en Siria. Tiene como un millón de fieles. Están en Siria, Líbano, Irak, Irán, las Américas, Antioquía y Europa Occidental. El actual patriarca es el 117 sucesor de San Pedro Apóstol.

Patriarcado de Jerusalén: Es la Iglesia más antigua de la Cristiandad, llamada la Iglesia Madre de Todas las Iglesias. Están en Israel, Palestina y Jordania. Son unos doscientos mil fieles. Entre otras cosas el Patriarcado de la Santa Ciudad de Dios y Toda Palestina, Jerusalén, se ocupa de bastantes lugares sagrados en Tierra Santa.

Patriarcado de Moscú: Según la tradición fue el apóstol San Andrés quien llevó el Evangelio a los llamados pueblos eslavos, territorio de Europa Oriental, comenzando por la península de Crimea. El establecimiento masivo del cristianismo ortodoxo en Rusia (o Rus) tuvo lugar en el año 988, a través del Príncipe Vladimir. Recientemente, la Iglesia Ortodoxa Rusa ha sufrido persecución por causa de los 72 años de dictadura comunista. En primer lugar dependía de Constantinopla, en el año 1488 se le concede la autocefalía, y en 1589 se le otorga el rango de Patriarcado.

La Sede del Patriarcado está en Moscú. Su número de fieles se acerca a los doscientos millones de fieles. Está representada con parroquias, monasterios, seminarios… en prácticamente todo el mundo. La liturgia se celebra en la lengua propia de cada país.

Patriarcado de Bulgaria: El cristianismo llegó a Bulgaria desde Bizancio. Los santos Cirilo y Metodio introdujeron la lengua eslava en la Liturgia. Tiene ocho millones de fieles. Su reconocimiento último como patriarcado data de 1961.

Patriarcado de Serbia: El cristianismo llegó a Serbia desde Bizancio. San Sava, monje del Monte Athos, fue el gran organizador de esta venerable Iglesia. En el año 1920 el Patriarcado de Constantinopla le concedió el rango de patriarcado. Lo componen unos ocho millones de fieles.

Patriarcado de Rumanía: los rumanos son un pueblo neolatino, que procede de la colonización romana de Dacia realizado por Trajano. Durante la Edad Media formaban parte del Imperio Búlgaro, lo que explica sus aportaciones eslavas de la Liturgia y su fe ortodoxa. Son unos veinte millones de almas. Esta santa Iglesia es constituida en patriarcado en 1925. Están bastante extendidos por numerosos países por causa de la diáspora.

Patriarcado de Georgia: como todos los países eslavos, el origen se remonta al Apóstol San Andrés, y en este caso concreto también a San Simón Cananeo. Como religión del Estado el cristianismo fue aceptado en Georgia gracias a la labor misionera de la joven eslava Santa Nina. Tierra de gran tradición monástica. Son tres millones de fieles. Restableció su Iglesia el rango de patriarcado en 1918.

Hay otras Iglesias ortodoxas –bizantinas- autocéfalas: la Iglesia de Grecia, de Chipre, de Monte Sinaí, de Finlandia, de Japón, de China, de Polonia, de Albania, de Chequia y Eslovaquia. Otras son autónomas: Ucrania, Estonia, Bielorrusia, etc.

Iglesias ortodoxas en España

En España están representadas las siguientes Iglesias ortodoxas: Patriarcado de Constantinopla, Patriarcado de Moscú, Patriarcado de Rumanía, Patriarcado de Bulgaria, Patriarcado de Serbia y Patriarcado de Georgia. Hay unas setenta parroquias ortodoxas pertenecientes a las jurisdicciones citadas.

Las parroquias ortodoxas en España son consecuencia de la diáspora de países como Rusia, Rumanía, Ucrania, Bulgaria, etc. Son numerosísimos los inmigrantes, sobre todo eslavos cristianos ortodoxos, que vienen a nuestro país por motivos laborales

Estas parroquias se han establecido y fundado para atender fundamentalmente a los inmigrantes. Ofreciendo semanalmente la Divina Liturgia –Eucaristía- y demás sacramentos: bautismos, matrimonios o bodas, funerales…, también desarrollando actividades benéficas, culturales y sociales, ayudando a integrarse en la sociedad española a estos inmigrantes.

La Iglesia Ortodoxa, mayoritariamente, es miembro del Consejo Mundial de las Iglesias, partidaria del Movimiento Ecuménico, trabajando por la unidad de los cristianos, buscando esa unidad cristiana desde la Caridad en la Verdad. El Movimiento Ecuménico y la Iglesia Ortodoxa nada tienen que ver con el sincretismo ni el relativismo religioso. La Iglesia Ortodoxa es fiel a sus principios religiosos. También es miembro del Consejo de Iglesias Europeas. La mayor parte de la Iglesia Ortodoxa es miembro de la Mesa Interreligiosa, junto con la Iglesia Católica Romana, las Iglesias Protestantes, los judíos, el Islam, los budistas, etc., con la finalidad del conocimiento mutuo y el respeto, fomentando las buenas relaciones y el respeto por la vida y la naturaleza.

Las diversas Iglesias que conforman la Ortodoxia en España guardan y mantienen buenas relaciones con las Iglesias protestantes, la Iglesia Anglicana y la Iglesia Católica Romana, que conforman el cristianismo en general en nuestro querido país. La Iglesia Ortodoxa rechaza el proselitismo.

Las Iglesias en España que pertenecen a la Ortodoxia, Iglesia de Constantinopla, Iglesia Ortodoxa Rusa, Iglesia Ortodoxa de Rumanía, etc., todas ellas son canónicas, es decir, las que están bajo la jurisdicción de su Iglesia Madre que a su vez pertenecen al conjunto de la Iglesia Ortodoxa canónica. Cada parroquia ortodoxa está bajo la jurisdicción y obediencia de su obispo, y éste de su Patriarca y de su Santo Sínodo.

En concreto, las relaciones en España entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa son buenas, de respeto y consideración mutua.

CONCLUSIÓN

El deseo y la pretensión de este modesto opúsculo titulado “Presentación de la Iglesia Ortodoxa”, tiene como objetivo prioritario informar a los cristianos ortodoxos en España, procedentes sobre todo de los países eslavos, sobre lo que es y cree la Iglesia Ortodoxa, muchos de estos ortodoxos no han podido ser catequizados por causa de la revolución e implantación de la dictadura comunista, siendo la Iglesia Ortodoxa tan perseguida. Muy recientemente estos países están pasando por momentos de transición y democratización.

Hemos optado por un lenguaje sencillo, evitando los términos teológicos y eclesiológicos, con la finalidad de ser entendidos y comprendidos por la totalidad de los posibles lectores.

Este librito también aspira a que seamos un poco conocidos en medio de nuestra sociedad, pretende ser una pequeña tarjeta de identidad para dejar de ser esos desconocidos. Somos conscientes de que nos encontramos en un entorno donde la mayoría de los cristianos son católicos romanos, para éstos con todo respeto y fraternidad también les ofrecemos esta presentación.
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Notas:
- La presente obra se terminó de imprimir el 14/27 de septiembre de 2007, gran festividad de la Exaltación de la Vivificante y Santa Cruz.
- Prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio de difusión.
- Para informarse de cómo obtener copias editadas de esta publicación, visite el blog de la parroquia de San Simeón y San Inocencio, de Alicante.